miércoles, 12 de septiembre de 2007

" Acuérdate de tu Creador en los Días de tu juventud" Ecclesiastés

He visto el clamor de la gente, que se disfraza de irrealidad para expresar sus sentimientos. Dejan de ser lo que anhelan ser para satisfacer sus apetitos, controlados cual marionetas como adormecidos pero con los ojos bien abiertos, y el apetito tal cual el más exigente degustador, tambien he visto a esta clase de ser, frente al espejo, una que otra tarde dependiendo la posición de la luna.

Quienes luchan; claro que los hay, tras la dura capa de insensibilidad logran despojarse de la apariencia irreal de lo actual y cotidiano. Al Llamado interno: Guerreros, ármense, líbrense del maligno. Busquen la luz invisible del sentido oculto, respiren la vitalidad del Dios único, aviven el fuego eterno de la conciencia. Apiádense de aquel que disfruta la sangre de sus propias víctimas.

Parecen estas las reflexiones de un suicida cotidiano, pues todos los días asesinamos parte de si mismos, consciente e inconscientemente. Un ejemplo: Tras las curvas peligrosas del encanto femenino, se te van los frenos de la nobleza y pudor. Saber detenerse a tiempo, ¿es esto posible?. Hoy he visto a una Eva más tentadora que nunca, el tiempo ha perfeccionado su Encanto, su malicia, tal vez su Ignorancia. Aquella Eva de tiempos remotos conocía el Bien y el Mal, ahora dudo que hoy en día, conozca el Bien, mucho menos sepa del mal, todo le parece muy Bien!. ¿Quien soy para hablar de esto?, Acaso puedo eximirme de tal situación?, acaso a alguien le puede preocupar?, ¿Acaso no habrá quien diga? Que Tipo! Está Loco.
Mil ojos atentos, están tras la invisible apariencia de mi consciencia, tienen personalidad, tienen voluntad, tienen, a veces, más presencia que yo. En mi lucha cotidiana, que es la de pocos, batallo por mirar, con la mirada de la Inocencia, cruel destino el que depara lo poco valedero.
Luces encandilan a pleno día la luz verdadera del alma, van petrificando los sentimientos, resquebrajando los valores, y un sin fin de conjugaciones verbales utilizamos para labrar nuestro propio laberinto. Medio respiramos, Medio Vivimos, pocas veces como buscando bocanadas de aire, buscando la salida a lo real, sofocados de tanta inmadurez nos damos cuenta de que vivo, cuando respiro, vivo, cuando entiendo, vivo cuando soy, soy, ¿Cuándo Yo Soy?.

Oración para encontrar la paz


lunes, 10 de septiembre de 2007

La Fraternidad Blanca


Bienvenidos a una de tantas ventanas, de tantos hermanos que las abren para que podamos discernir, lo que ya es como un secreto a voces, que bien sea en este plano físico como en los superiores, existe la Union Universal de Todos: Si TODOS, los que trabajan por la evolución, sea cual sea su Religión, Filosofía, Rayo, o tendencia, hermanos que comulgan en Hermandad, en Fraternidad para el bien Común del Universo. Muchos misterios permanecen ocultos a los ojos del profano, muchos misterios develados no significan nada para quien no los entiende, y aún para quien los entiende y no PRACTICA de nada les sirve, los Conocimientos sin Practica no conducen a ningún sendero. Queremos abrir pues esta humilde ventana, entre tantas otras que ya existen, para poco a poco develar, redescubrir y compartir hermosas enseñanzas recibidas de "Boca a Oido", y entregar tantas otras del saber colectivo. Esperamos que sus aportes nos unan en una verdadera Fraternidad Blanca, donde sin importar que tantos colores nos diferencien, si tenemos el mismo objetivo, seremos parte del TODO de una manera consciente...

miércoles, 5 de septiembre de 2007

El valor de las cosas. Una historia zen


"Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?"
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después...- y haciendo una pausa agregó Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E...encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien-asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Que importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

- Maestro, ¿qué debo hacer para no quedarme molesto?
Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son
indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con
aquellas que calumnian.
-¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.
- Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.
- Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios
que crecían en el jardín.
+ Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas.
+ Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.
+ Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden.
+ Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos.Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse...
+Ejercita pues, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera
y perfuma la vida de los demás haciendo el bien.

La existencia invisible


Érase una vez un discípulo de una escuela budista que practicaba la cultivación con su Maestro. Un día, el discípulo estaba meditando con el Maestro cuando de repente le preguntó: "Maestro, no puedo ver el paraíso de la Felicidad Suprema. ¿Cómo puedo creer que existe?"

El Maestro no respondió nada. Se levantó, llevó al discípulo a un cuarto muy oscuro y dijo: "Hay un martillo en la esquina de esta habitación”. El cuarto era tan sombrío que el discípulo no podía ver nada incluso abriendo sus ojos tanto como le fue posible; entonces le dijo a su Maestro que no podía ver nada.

Luego el Maestro encendió una vela. A la luz de la vela, vieron el martillo en la esquina de la habitación. El Maestro le dijo a su discípulo: "¿Es que algo no existe simplemente porque no puedes verlo?" Las palabras entonces golpearon al discípulo, que comprendió de pronto. Después de eso, practicó la cultivación de modo diligente.

Esta historia tiene implicaciones profundas. Piensen en esto: Como seres vivos en la oscuridad y el caos, ¿realmente comprendemos nuestro cuerpo, nuestra vida y el Universo? Si persistimos en nuestra manera tradicional de pensar y nos negamos a admitir las cosas que no podemos ver, no demostramos un espíritu científico.

Debemos comprender que el hecho de que las cosas que no pueden ser explicadas por nuestra ciencia moderna, empírica y poco desarrollada, no significa necesariamente que no existan.


Por Qin Yan - MinghuiNet